En la primera mitad del siglo XIX, el médico Ignaz Philipp Semmelweis introdujo el lavado de manos para los médicos antes y después de atender a los pacientes en la primera clínica ginecológica de Viena, luego de dar cuenta de la existencia de una “materia cadavérica” que era transportada por las manos de médicos y estudiantes de los cadáveres a las madres que atendían en trabajo de parto.(1)
Las manos son el vehículo más común para transmitir infecciones; por lo que es imprescindible que los niños y adultos entiendan la importancia de lavarse las manos.
En nuestro quehacer y en nuestra vida diaria nuestras manos son el principal medio y vehículo de los gérmenes y bacterias, pues tocamos casi todo lo que nos rodea. Lavarnos las manos previene enfermedades gastrointestinales, evita infecciones en la piel y ayuda a que los germenes, virus y bacterias no sean transportados de un lugar a otro.
Por ello debemos de lavarnos las manos por lo menos en estás ocasiones:
Las manos son el vehículo más común para transmitir infecciones; por lo que es imprescindible que los niños y adultos entiendan la importancia de lavarse las manos.
En nuestro quehacer y en nuestra vida diaria nuestras manos son el principal medio y vehículo de los gérmenes y bacterias, pues tocamos casi todo lo que nos rodea. Lavarnos las manos previene enfermedades gastrointestinales, evita infecciones en la piel y ayuda a que los germenes, virus y bacterias no sean transportados de un lugar a otro.
Por ello debemos de lavarnos las manos por lo menos en estás ocasiones:
- Antes de comer
- Después de ir al baño
- Antes de manipular alimentos o comida
- Después de cambiar los pañales a un bebé.
- Después de tocar tierra o animales y tras recoger las heces de éstos
- Antes de ponernos lentes de contacto
- Después de estornudar y/o toser












